jueves, 9 de agosto de 2012

La península de Mani

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map of greece - lakonia


A partir de Kalamata la carretera es más estrecha y con pavimento en peor estado. Las estribaciones de las altas montañas del Taigeto se hunden directamente en el mar y la aridez del paisaje aumenta a cada paso. La costa se vuelve abrupta y sólo de cuando en cuando pequeñas playas de guijarros permiten el acceso al mar. Es esta una tierra desolada y pobre, con una población escasa que antaño vivía de la piratería y hoy de la emigración o, si se disculpa el chiste fácil, de milagro. Las blanquecinas aldeas, con sus altas casas de piedra caliza, se confunden con el paisaje rocoso y sus moradores, cuando existen, son escasos y parecen ocultarse del turista. Sí, esto es Mani, la más meridional de las regiones griegas y aquella cuyos habitantes tienen más fama de indómitos.

Hemos pasado el bonito pueblo de Kardamili y la noche se nos echa encima. El sol, rojizo y pequeño, se esconde lejano entre la calina de la tarde, más allá del golfo de Mesenia; y el mar, ahora de un color azul ambarino, rodea de misterio los pronunciados acantilados. Es la hora de pararnos a esperar a un nuevo día. Por eso el cámping de Skoura aparece ante nosotros en el momento oportuno. Es un cámping espacioso, llano, asomado al mar desde un alto acantilado y con una pequeña playa, allá abajo, a la que se accede por un escarpado sendero. Ni siquiera tiene piscina, ni otras comodidades especiales, pero el cansancio de un día agotador hace que nos sintamos a gusto y que disfrutemos de su silencio y tranquilidad.

Por la mañana seguimos nuestra ruta, sin bajar siquiera a darnos el correspondiente chapuzón mañanero. Ahora, la larga sombra del Taigeto se dibuja sobre el mar y hasta las blancas aldeas parecen más oscuras. Mani, tierra dura y aislada, bastión y refugio contra todas las invasiones...
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La costa maniota en Gerolimenas

MANI: El acceso a esta abrupta península es tan difícil que aquí nunca llegaron los dorios, ni los romanos consiguieron imponer sus costumbres, ni los cristianos fueron capaces de evangelizar la zona hasta después del primer milenio. Y sus habitantes siempre estuvieron prestos para cualquier rebelión, ya fuera contra Roma, Bizancio, Venecia o el turco. Eran (¿son?) miembros de una sociedad violenta cuya más refinada tradición es la de las venganzas de sangre, tradición que les ha diezmado. Sus altas casas torre son un recuerdo de esos enfrentamientos entre familias. Cuando una pequeña chispa prendía la mecha de la venganza, el correspondiente conflicto se desarrollaba según reglas precisas y conocidas: el fin último era destruir la casa de la familia rival y matar a todos sus varones. Copio de la guía Anaya-Touring "Grecia en Vivo": 

El método favorito de ataque era destruir los prestigiosos tejados de las torres; por consiguiente, los fuertes se construían con cuatro a cinco pisos.  Las batallas se anunciaban haciendo repicar las campanas de la iglesia y, a partir de ese momento, los adversarios se recluían en sus torres, disparándose mutuamente con todas las armas disponibles. Las batallas podían durar años, incluso décadas, mientras las mujeres (que estaban a salvo del ataque) se encargaban del abastecimiento de víveres, municiones y pertrechos. En las batallas realmente prolongadas, se declaraban treguas temporales en las épocas de recolección; después, se reanudaba el combate...

Casas-torre en Mani
 
Pasamos Areópoli (la ciudad de Ares) y nos adentramos en la Mani profunda. Miramos esas estrechas torres y nos estremecemos imaginando tales enfrentamientos: he ahí a los hombres de la casa subiendo esa inmensa piedra, escaleras arriba, piedra que luego piensan lanzar desde su terraza con la ilusión de que, cayendo sobre el tejado rival, destruya éste y los pisos de las sucesivas plantas... El que tenga la torre más alta, tiene ventaja; el otro está perdido.

No es de extrañar que esta tierra belicosa diera numeroso líderes a la independentista guerra contra los turcos. Fue el primero de ellos Petro Bey Mavromikalis, nacido en Areópoli, quien consiguió unir a los distintos clanes maniotas y levantar la bandera de la independencia incluso antes que el famoso obispo Germanós. Pero los maniotas son como son y sus rebeliones no acabaron ahí pues, encarcelado Mavromikalis por su desobediencia al primer presidente griego Capodistria, sus familiares aprovecharon la ocasión para asesinar al propio presidente...

Pueblos y más pueblos, torres y más torres, escasos olivos y tierras yermas: todo parece desolado, pero hermoso. Y, de pronto, Yerolimin...